Jesús estuvo dispuesto a morir por nosotros para salvarnos, y quiere que nosotros estemos dispuestos a sacrificarnos e incluso morir por Su causa para salvar a los demás (1Juan 3:16). Él nos compró, pagó por nosotros, somos propiedad Suya, ahora le pertenecemos. ¡Jesús salvó nuestras almas, salvó nuestras vidas para la eternidad! ¡Obviamente, nosotros debemos entregar nuestras vidas y tratar de convertir a tantos como podamos!
Jesús no recorrió la mitad del camino de la cruz por ti, ni llegó casi hasta el final, ¡sino que anduvo todo el camino y entregó toda Su vida por ti! Lo más importante que vino a hacer fue morir en aquella cruz. De modo que tu principal labor es llevar tu cruz. Él dijo: "Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de Mí, éste la salvará" (Luc.9:23,24). No es de necios dar lo que no se puede guardar para ganar algo que no se puede perder.
La plenitud de fe que buscamos sólo se encuentra siguiendo el camino de la obediencia total, cuando estamos verdaderamente dispuestos a tomar nuestra cruz y negarnos a nosotros mismos, a rendir nuestro orgullo y nuestra voluntad para seguir a Jesús. ¡Entonces, al someternos a Él, nos da las fuerzas para seguirle!
Jesús no recorrió la mitad del camino de la cruz por ti, ni llegó casi hasta el final, ¡sino que anduvo todo el camino y entregó toda Su vida por ti! Lo más importante que vino a hacer fue morir en aquella cruz. De modo que tu principal labor es llevar tu cruz. Él dijo: "Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de Mí, éste la salvará" (Luc.9:23,24). No es de necios dar lo que no se puede guardar para ganar algo que no se puede perder.
La plenitud de fe que buscamos sólo se encuentra siguiendo el camino de la obediencia total, cuando estamos verdaderamente dispuestos a tomar nuestra cruz y negarnos a nosotros mismos, a rendir nuestro orgullo y nuestra voluntad para seguir a Jesús. ¡Entonces, al someternos a Él, nos da las fuerzas para seguirle!




